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Clío Candela, comunicadora del vino, 38 años: “Muchos señores en Instagram me corrigen por privado para ayudarme a ‘progresar’”

Con un lenguaje directo y más de 20.000 seguidores en sus redes sociales, esta comunicadora y formadora se ha propuesto explicar el sector del vino de una forma divertida y dicharachera y, sobre todo, interpelando directamente a las mujeres. “Queda mucho camino para la famosa paridad”, argumenta
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Clío Candela tiene una doble personalidad profesional. Durante 40 horas a la semana, tiene un trabajo de oficina; el resto de su tiempo, se dedica a dejar su huella en el sector del vino, un mundillo al que llegó poco a poco y sin experiencia previa, pero que se ha convertido en su gran pasión. ¿Su fórmula? Comunicar los vinos de una forma diferente, más divertida y menos encorsetada. Y, sobre todo, con la intención explícita de interpelar directamente a las mujeres. “Cuando me dirijo a la cámara, o lo hago en femenino o interpelo a ‘todas y todos’; cuando el hombre comunica, ni siquiera piensa que pueda resultar excluyente para las mujeres que lo reciben”.
Se podría decir que el covid fue el culpable de su arranque; fue durante ese parón que se certificó y se convirtió en formadora homologada de cava y de Vinos de Alicante, su tierra. Precisamente, el nombre de su perfil de Instagram, que ya supera los 20.000 seguidores, hace referencia a ‘los vinos de la terreta’. Pese a que su contenido es mucho más variado, esta comunicadora —y colaboradora en la televisión pública de Alicante— ha hecho de altavoz de una zona tradicionalmente denostada por el sector, ayudando a ponerla en el punto de mira.
Además, el cóctel formado por la comunicación y el lenguaje, el vino y el compromiso femenino la empujó a fundar, junto a otras compañeras, Tannic Women, un proyecto que busca crear redes de apoyo y sinergias entre mujeres de la industria (y de la región). Precisamente, el próximo martes organizan Con Alma de Mujer: de la Vid al Brindis, un acto para hablar de la posición de las mujeres en la viticultura. Toda una declaración de intenciones.
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Creo que tu curiosidad por el vino llegó de forma paulatina, no por tradición familiar.
Exacto. Mis padres son funcionarios, así que en mi familia no había ninguna vinculación. Pero sí que es cierto que en mi casa siempre ha habido cultura de comer con vino. También en la de mis abuelos, donde se hacía la típica zurra, típico de Alicante, que es vino con un montón de fruta; primero se bebe el vino y luego se come la fruta. Además, en mi casa siempre ha habido botellas en la despensa, a modo de mini bodega. Aparte de esto, nada más. Sin embargo, nunca me ha gustado la cerveza, y cuando era joven era la única de la pandilla que me pedía una copa de vino. El cambio llegó con la pandemia, que todos tuvimos mucho tiempo libre; la gente se puso a hacer deporte como loca y yo me puse a estudiar.
Pero tú ya tenías una formación y te dedicabas a ello.
El trabajo que me soporta económicamente no tiene nada que ver con el vino. Es un trabajo de oficina. Estudié Derecho y ejercí la abogacía, y ahora estoy en el departamento jurídico de una empresa. Es un trabajo que me da de comer y poco más, no me apasiona. Por eso me puse a estudiar algún curso de vino, empecé a leer y, a la que terminó el confinamiento y empezaron de nuevo las actividades, me puse más seria con el tema. Me saqué las certificaciones WSET, y soy formadora homologada de Vinos de Alicante y de cava. Por ahora hago catas, cenas de maridaje o doy clases en una academia, todo lo que puedo hacer en mi tiempo libre, porque yo trabajo 40 horas. Ojalá pudiera dedicarme profesionalmente solo al mundo del vino, pero soy madre y tengo una hipoteca que pagar. Hasta que no lo vea muy claro, no pegaré este salto.
Me puse mucho las pilas con el lenguaje para poder traducir las cosas burocráticas del vino a palabras entendibles
Clío Candela
Tu manera de comunicar y hablar de vino en Instagram es lo contrario a lo serio y encorsetado. No parece tarea fácil dar este paso, sin experiencia previa y con una propuesta tan poco tradicional.
Lo que me resultó más difícil fue creérmelo. Pero la recepción de la gente, salvo para alguna persona que vive en ese mundo encorsetado y cree que una persona que habla de una forma diferente no tiene cabida, ha sido muy buena. La gente viene a mis catas y repite. Me puse mucho las pilas con el lenguaje, para poder traducir las cosas burocráticas a palabras sencillas y entendibles, lo que entendemos por democratización del lenguaje. Yo aplico esa técnica cuando hablo de vinos, y traduzco con un lenguaje claro los términos que son única y exclusivamente del mundillo. Y la gente se divierte y sale aprendiendo. Creo que el valor de mis catas es cómo me comunico; la gente se lo pasa bien y nunca les hago sentir que es un mundo inaccesible o que no entienden. Empiezan diciendo que les gusta el vino y acaban diciendo que les gustan los fermentados en barrica. ¿Sabes?
¿Qué es lo que a la gente le cuesta más entender?
Creo que por qué un vino cuesta más que otro. Yo defiendo mucho que tú no puedes comprar un vino por debajo de 10 euros porque le estás generando pérdidas a un agricultor. Les explico toda la cadena de valor que tiene un vino: que la etiqueta tiene un coste, la botella también, la distribución, el diseño o el marketing. Y eso cuesta mucho de entender, porque luego quieren el vino más barato. En cuanto a términos de elaboración del vino o la viticultura, todo es fácilmente explicable; solo hay que darle una vuelta. El emisor es el responsable de que el mensaje llegue; si el receptor no lo está entendiendo, es que lo estoy haciendo mal.
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¿En general el lenguaje del vino sigue siendo excluyente para los consumidores?
Ahora muchas bodegas se están poniendo las pilas, pero no está habiendo un movimiento generalizado. Y creo que el único motivo para ponerse las pilas ha sido que se está vendiendo menos vino y está habiendo un movimiento antialcohol, y esto hace que haya menos ventas. Pero eso debería haberse hecho antes, porque ahora se vende menos, pero antes se podría haber vendido mucho más. ¿Qué pasó con el sushi? Antes era superelitista. Cuando yo era pequeña, nadie lo comía, era algo exótico. Y ahora lo encuentras en todos sitios. ¿Por qué? Porque la gente lo ha entendido, lo ha reinterpretado y pide sushi por Just Eat porque lo va a recibir. Creo que con el vino se puede hacer lo mismo sin bajar la calidad ni vender esos vinos a tres euros.
Pero el vino es un producto autóctono y plenamente integrado en la cultura española. ¿No es paradigmático que su integración no se haya podido democratizar antes?
Claro, pero en realidad, el vino lo consume todo el mundo. Otra cosa es que entienda lo que está bebiendo y se esfuerce en elegir un vino más o menos caro, o de una denominación o variedad determinada. Pero vino ha habido siempre en todas las mesas de España. Es más, el vino en la época romana ya lo bebía todo el mundo por una cuestión de salubridad; era un producto natural, de una fruta fermentada, y te protegía de no coger enfermedades que transportaba el agua. El vino se ha utilizado por cuestiones de salud pública en muchísimos momentos y fases históricas de nuestra cultura. Llega un momento en el que llega a las mesas de España y de la cultura europea, y de repente se empiezan a hacer vinos muy especiales que no llegan a las mesas de las personas. A la vez, empiezan a surgir bodegas que hacen vinos que, económicamente, pueden comprar familias humildes o de clase media. Creo que las propias marcas y bodegas querían exclusividad en el consumidor, y creo que fue un error. Ha hecho alejar a las nuevas generaciones del producto, y ahora no consumen vino. Tenemos un problema en la industria.
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Las propias bodegas querían exclusividad en el consumidor, y creo que fue un error; ha hecho alejar a las nuevas generaciones, que ahora no consumen vino
Clío Candela
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¿El sector está preocupado por ese bajo consumo?
Sí. Estas Navidades han sido destructivas en cuanto a ventas. Sí que hay bodegas que ya tienen la cuota de mercado vendida, grandes bodegas que, sin terminar la vendimia, ya lo tienen todo vendido. Pero yo te hablo de las bodegas familiares que necesitan las ventas para subsistir. El otro día hablaba con una bodeguera y me decía que las Navidades han sido terribles, y en enero ni te cuento. Y es preocupante, porque no estamos hablando de que las acciones han bajado, sino de familias. También se están poniendo de moda productos como los vinos sin alcohol, y la gente se pregunta por qué las bodegas no los hacen, pero es que para hacerlos necesitas una máquina terriblemente costosa.
¿De cuánto estamos hablando?
Pues de unos 300.000 o 400.000 euros, hasta medio millón de euros para desalcoholizar el vino. Las bodegas compuestas por dos o tres familias no se lo pueden permitir, y así no pueden competir con las grandes bodegas.
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Judith Cortina, David Jobé (Enoturista)
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El nombre de tu cuenta de Instagram hace referencia explícita a los vinos de Alicante. ¿Qué percepción tienen ahora estos vinos en el sector?
Creo que los vinos de Alicante antes eran una cosa y ahora son otra totalmente diferente. Se han refinado muchísimo y están compitiendo a nivel nacional. La monastrell de Alicante empieza a sonar muchísimo o el fondillón ya se conoce un poco más. Creo que, aunque queda camino por hacer, no son los vinos que se hacían antes, que se hacía mucho vino a granel y muy alcohólico; ahora se están haciendo muy buenos vinos en la zona.
Sin embargo, Alicante no es de las zonas que más resuenan en el universo vinícola. ¿Esta percepción de que no eran buenos vinos ha quedado extendida en el imaginario colectivo?
Sí. Es que en los años 40 o 50, en Alicante lo único que se producía era vino a granel para mandar a Francia y engordar sus vinos. Lo que producíamos y se quedaba aquí para el consumo era un vino peleón, alcohólico y tánico. Nuestra uva reina es la monastrell, y si no la trabajas bien, como aquí tenemos mucho sol y poca agua, te da unos vinos con estas características. Ahora hay mucha gente aquí que ha estudiado fuera y están queriendo hacer las cosas bien; han surgido muchas bodegas con proyectos muy interesantes.
Los vinos de Alicante antes eran una cosa y ahora son otra totalmente diferente; se han refinado muchísimo y están compitiendo a nivel nacional
Clío Candela
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¿La autoestima ha mejorado, también por la validación externa y el reconocimiento del resto de zonas?
También puede ser. Alicante está presente en muchos sitios y ya se les incluye en grandes guías. Para consumidores expertos, la entrada del frondillón en el mercado y en el imaginario colectivo ha sido clave, porque quizás no se consume, pero te da pie a poner el ojo en esta zona. Hace unas semanas, se hizo un seminario en el Museo Arqueológico y vino gente de todo el mundo a hablar de la cultura en la cuna del Mediterráneo desde la prehistoria hasta la actualidad, entre ellos Sarah Jane Evans, una de las Master of Wine. Y ella decía que Alicante lo tiene todo. En la percepción de la gente, solo es playa, pero no es así. Tiene sol, montaña, una provincia con 400 metros de altura, nieve, frío. Tenemos una zona en la que llueve mucho y otra muy de secano. Creo que lo bueno de esta zona es que no tenemos un solo vino, y lo que hay que valorar es que tenemos un gran abanico de variedades de uva y de poder hacer diferentes perfiles brutales de vino.
También eres una de las fundadoras de Tannic Women.
Tannic Women nace hace un año y medio. Junto a dos compañeras más, nos apetecía catar juntas y ayudarnos aprender, y empezamos con ese espíritu. Nos juntamos mujeres con perfiles muy diferentes y empezó a crecer y crecer, hasta que hemos tenido que parar. Ahora somos 18 y hacemos catas a ciegas mensuales; ese es el nexo de unión. De momento, hemos parado las admisiones de mujeres que están pidiendo entrar, y estamos valorando cómo hacerlo, porque no queremos dejar de crecer.
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Imagino que partió de una necesidad.
Surgió para juntarnos y generar redes de apoyo entre nosotras. Al final, las mujeres siempre tocamos techo, en el vino y en todos los sectores. Hay techo dentro de cada una de las empresas donde trabajamos, bodegas, distribuidoras o tiendas, y también techo público. Generar una red de apoyo y sostén para que sigamos creciendo de forma individual, pero, a la vez, cogidas de la mano, me parece muy interesante. Hemos creado una sinergia superpositiva, tenemos claro lo que estamos haciendo y que queremos hacerlo, y eso me parece el éxito de Tannic Women.
¿La mirada femenina aporta algo diferente a la forma de comunicar el vino?
Por supuesto. El lenguaje es muy importante, y yo le doy mucha importancia. Cuando me dirijo a la cámara, o lo hago en femenino o interpelo a “todas y todos”. Ahí estoy incluyendo a la mujer de forma particular en mi mensaje, y cuando el hombre comunica, no lo hace. Ni siquiera piensan que pueda resultar excluyente para las mujeres que lo reciben, pero a mí me lo resulta. También enfatizo cuando un vino está elaborado por una mujer; me parece un valor añadido equiparable a si la etiqueta ha ganado un premio por el diseño, pero un hombre no le da tanta importancia. Quizá es porque soy feminista, pero creo que el hecho de que una mujer haya llegado a elaborar un vino y que esa botella haya llegado a mi casa es un gran mérito, porque conlleva no solo que ha llegado a un éxito profesional, sino que ha tenido que luchar más que un hombre para conseguir lo mismo. Así es como vivimos y la estructura social que tenemos.
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Entonces, ¿no ha habido tanto cambio? ¿Las mujeres siguen siendo una excepción en el sector?
Cada vez hay más mujeres, también cogiendo las riendas de los proyectos y que tienen posiciones de poder o autoridad dentro de las bodegas o del mundillo de la viticultura. Y ya era hora, ¿no? Pero aún no estamos en un 50-50. Ni nos acercamos. Queda mucho camino para la famosa paridad, y pasa por un cambio generacional. Quiero pensar que a la siguiente generación de hombres no les va a importar tanto que una mujer les pase por delante.
¿Tú has tenido que pasar por el aro?
¿Sabes qué pasa? Que como no me dedico profesionalmente a esto 100%, no he pasado nunca por el aro. He podido decidir, y cuando alguien o algo no me ha gustado, no colaboro con él, y punto pelota.
[En el mundo del vino] Aún no estamos en un 50-50. Ni nos acercamos. Queda mucho camino para la famosa paridad, y pasa por un cambio generacional
Clío Candela
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¿Y en redes?
Tengo muchos señores que me corrigen para “ayudarme”, porque saben más que yo. Se piensan que soy la guapa de Instagram y yo tengo estudios. Me pasa mucho que me escriben por privado para ayudarme paternalmente a “progresar”. O me dicen que no me meta en estos temas tan técnicos. O en alguna cata, algún listillo me corrige y me lo acabo metiendo en el bolsillo. Como te decía, el lenguaje es muy importante. Como por mi trabajo tengo que hablar mucho en público, controlo el discurso público y las intervenciones; si no tuviera ese bagaje, igual se me comerían, pero lo gestiono al revés.




