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Álvaro Palacios: «Aún no ha venido ningún ingeniero a crear un vino 100 puntos Parker»

El bodeguero que trabaja en tres regiones históricas, Rioja, Priorat y Bierzo, presentó a los sumilleres vizcaínos 12 de sus grandes vinos

Elena Sierra ·

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Ya hace un par de meses se sabía que la primera cata del año de la Asociación de Sumilleres iba a ser de las multitudinarias.

Es lo que tiene que el invitado sea Álvaro Palacios, al que hay quien llama «artista» mientras otras personas le dicen «genio» y la lista Parker le reconoce los vinos con sus cien puntos.

El lunes en el Ercilla se llenó la sala para escucharle hablar de su filosofía y probar, bajo su guía, elaboraciones de Priorat, Bierzo y Rioja Oriental, de su Alfaro natal.

Esa mañana Palacios había estado podando allá en el monte Yerga, y aseguraba por la tarde que ese tipo de trabajos le hacen convencerse aún más de sus ideas sobre «la dignidad histórica» del vino.

– Acabo de oír ahí dentro que le llamaban genio. Usted, ¿qué dice que es?

– Un labrador, es lo que soy. Un labrador, una circunstancia en el tiempo.

Una persona que nace en una bodega familiar en Alfaro en el año 64 y que es cautivada por la magia del artesano del vino, de la naturaleza, del misterio de la tierra y de esa tradición histórica.

Y sobre todo, cuando ya he decidido dedicar mi vida al vino, soy el resultado de que mi padre me enviara a Francia a estudiar y trabajar con lo mejores.

– Por ejemplo…

–En la viña mítica del momento, en Château Petrus.

Quedo totalmente cautivado por esta dimensión tan especial de los grandes vinos clásicos, de cómo Francia, gracias a los buenos aires que han tenido siempre, por circunstancias históricas y económicas muy favorables, pudo preservar esa tradición y separar lo excelente y lo excelso de lo bueno.

Sus vinos adquirieron una dimensión de aprecio equiparable a los artículos de lujo. En España no ocurrió lo mismo, se empobreció, pero teníamos en nuestro patrimonio los mismos ingredientes que tienen nuestros homólogos franceses.

– Que son…

– Es el viejo mundo, donde está la esencia del origen de los grandes vinos de los últimos siglos: las variedades autóctonas que definen la singularidad de cada región y con una afinidad perfecta con el entorno natural, los grandes suelos y la historia, la tradición.

¿Qué te voy a decir? Más de 100 regiones vinícolas en lo que es España entera que se quedaron dormidas en el olvido.

Sólo la Rioja pudo coger nombre porque invirtieron los grandes industriales vascos de la época.

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– Y pensando en los ingredientes, ¿decide dedicarse a los grandes vinos?

– Soy de esa generación que ve que las ventanas se abren al mundo y que el sector del vino mira a España, que es el país con mayor viña en el mundo todavía.

Y veo que tenemos vinos buenísimos pero que muy pocos productores han querido navegar en el mundo del gran vino clásico, de alta cotización, de alta apreciación.

En lo que se llama el vino coleccionable, de inversión. Yo quería hacer eso en España.

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Eliminar complejos

– Primera parada, Priorat.

– En el 89. En el 99 voy al Bierzo porque me lo propone mi sobrino Ricardo.

En el 2000, mi padre falleció y volví a casa. Siempre con este sueño de llegar a clasificar viñas en España, de que sean clasificadas, como hemos conseguido, por Bruselas. O sea, Grand Cru.

De los 36 años de trabajo, fueron 20 quitando el complejo para poder también sentarme y ser respetado por los grandes productores franceses, ser miembro de la Academia Internacional del Vino y vender en estos circuitos.

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– De un gran vino, ¿cuánto le corresponde a usted?

– Lo fundamental son esas viñas históricas, un patrimonio de un país, en cada región.

Esa viña vieja única, diferente a la otra, tocada por una mano mágica, la que viene de esa coincidencia natural geoclimática con esa tradición de esa variedad autóctona.

Y luego, es la experiencia movida por una pasión muy desmedida, entenderlo y llevarlo hasta la botella.

El 99 de los 100 puntos Parker de los vinos de España son viñas viejas, de antiguo cultivo tradicional.

O sea, que no ha venido ningún ingeniero a crear un 100 puntos Parker con las tácticas de la agronomía actual, que va más por los derroteros del cultivo intensivo que otra cosa.

– Defíname, muy brevemente, los vinos de sus tres bodegas.

– De la garnacha de Alfaro, en los altos del Yerga, un vino vibrante y que recupera su gran dignidad histórica.

De la del Priorat, energía asombrosa y contenida. De la mencía del Bierzo, el vino láctico y cremoso, el tinto de arándanos.

 

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Imágenes de Reverendo Igor y María García

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