Justo al lado de Getxo Itsas Hub, ha echado el ancla la bodega submarina Crusoe Treasure. Es un punto de encuentro para acercarse más a la gente, con cerca de 1.000 m², y que cuenta con showroom, sala de catas, tienda, espacio para organizar eventos…
La singladura de la bodega submarina cumple dos décadas y va viento en popa: pronto envejecerá vinos en un nuevo sitio del Cantábrico: Punta Galea, a 28 metros de profundidad frente a los 18 de las cosechas habituales en Plentzia.
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Han pasado ya dos décadas desde que empezó a gestarse esa idea de sumergir vinos en el fondo del mar…
Empezamos como un laboratorio. No había nada parecido, por eso tuvimos que hacer una investigación.
Si hubiésemos sabido ya que funcionaba algo así, en vez de hacer un laboratorio habríamos hecho una bodega directamente.
Necesitábamos ver si realmente los vinos pueden cambiar o no en el mar, no había información de nada. Entonces creamos el laboratorio, que fue brutal y tuvo mucha repercusión mediática.
La gente nos llamaba locos, las personas del mundo del vino decían: “Estos tíos están piraos, meter el vino en el mar es un absurdo”.
Los pescadores tampoco estaban especialmente contentos, o sea, había como mucha reticencia, que yo también lo puedo llegar a entender.
Tras mucho esfuerzo, no solo nuestro, sino de la gente que nos ayudaba a nivel institucional, de establecimientos de Plentzia, de apoyos de todo tipo, poco a poco hemos montado un proyecto que es un referente mundial.
Esta semana, por ejemplo, nos visitan propietarios de bodegas de Napa, California, que vienen a vernos expresamente.
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No ha sido fácil el camino.
Hemos tardado en empezar a vender muchos años. Y entonces todo ha demandado mucha inversión.
Y ahora estamos en un momento muy bonito, porque ya tenemos clientes potentes, porque vemos que la gente viene y alucina, que salimos en prensa, en medios especializados de vino, que hemos ganado premios internacionales, que esto es muy importante para nosotros: hemos conseguido medallas en Burdeos, que es el campeonato más relevante del mundo de vino, también en el de Londres, que se considera el segundo mejor…
Al montar una bodega siempre se habla de que te lleva 5 años trabajar el viñedo y otros 5 para empezar a vender, o sea, que eran como 10 años. Pues a nosotros nos ha llevado un poco más.
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Y ahora, este vino está en todo el mundo, prácticamente.
Ha sido muy bonito ver que hemos ido abriendo países. Japón, por ejemplo, nos ha costado una barbaridad, y siempre me decían:
“Cuando consigas abrir en Japón va a ser una maravilla, va a ser un amigo para toda la vida”. Pues en Japón tenemos una parejita, un matrimonio que es amante del vino.
También vendemos en Amazon allí, y en Inglaterra, Alemania… En enero estuve en Estados Unidos para tratar de adentrarnos allí.
Y vamos a colaborar con cruceros… Aquí, el proyecto crece porque vamos a envejecer vinos en Punta Galea.
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¿Otra bodega submarina?
Hemos creado todo lo que es la infraestructura para ver, en primer lugar, si aguanta bien los temporales.
Estamos haciendo pruebas con las botellas, vemos que cambian bien y ahora pediremos el registro sanitario para poder empezar ya a elaborar vinos también ahí.
Por otro lado, estamos pendientes de los próximos trámites administrativos. Creemos que será un buen sitio para los espumosos.
Con ellos, nos ha costado muchos años conseguir la segunda fermentación debajo del agua, que es algo que no ha hecho en el mundo nadie.
Hemos hecho búsquedas y no hemos encontrado nada, entonces nos ha costado como 5 años de fallos.
La segunda fermentación tiene lugar debajo del agua, esto lo que hace es incrementar mucho la presión parcial de oxígeno.
Hemos conseguido que eso funcione, que no se pierda el vino, que hagamos el degüelle, es decir, después de tenerlo tres semanas invertido, lo que hacemos es hacer el degüelle de las levaduras y tener un producto que es impresionante. Y nos lo están demandando mucho.
Ahora es el momento ya de ver si somos capaces de empezar a hacer una producción grande y esta profundidad de Punta Galea nos puede venir de maravilla para los espumosos.
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En efecto, han demostrado que el vino cambia en el mar.
Cambia en el color, en el aroma, en la acidez, en la textura, son vinos mucho más glicéricos y evolucionan muchísimo en copa. Nuestras botellas evolucionan, una vez abiertas durante tres días.
El vino es todavía mejor, que es increíble, porque está tan preparado y ha estado sufriendo tanto debajo del agua, que una vez que tú lo abres evoluciona increíble.
En tierra, una vez que dejábamos las botellas fuera del agua, al principio teníamos miedo y decíamos:
“A ver si va a volver a ser el vino que era antes de meterlo en el agua”, porque vale, está muy bueno cuando lo sacamos pero ¿y si vuelve a ser el que era? Pero no, lo curioso es que sigue un camino.
Eso también lo tenemos constatado, se mantiene esa evolución diferencial y cada vez es más amplia. Ahora tenemos vinos que llevan fuera del agua más de 10 años. Entonces sabemos lo que pasa.
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¿Y actualmente cuántas botellas sumergen?
El año que más hemos hecho han sido 20.000, pero no todos los años llegamos a tanto, porque no es el momento de embotellar o porque preferimos esperar un poco más tanto debajo del agua como en tierra, pero por ahí, entre 15.000 y 20.000.
Tenemos actualmente 8, 9 parcelas con viñedos por toda la península. Todo empieza ahí porque hay que hacer una calidad especialmente buena, necesitamos muchísima calidad para que la evolución sea muy buena debajo del agua.
Nosotros lo que queremos es preparar los vinos para unas Olimpiadas. Y para eso, nuestro prestigioso enólogo Antonio Palacios es fundamental.
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Además del vino, han creado vida en un arrecife.
Cuando empezamos con el laboratorio, era un arrecife artificial y ahora es natural, se ha naturalizado con el paso del tiempo.
Ha servido no solo como refugio para especies locales, sino que también ha actuado como hábitats y hemos documentado cientos de especies marinas diferentes colonizando la bodega-arrecife.
La eclosión de vida que hay es una pasada; sale vivo en el almacén entre las botellas y se esconde entre las botellas.
Al final hemos creado un espacio en el que los depredadores no caben, por eso, entre las botellas se esconden muchas especies.
¿Por qué ponen ahí los huevos sus padres? Porque el fondo marino cambia de arena a piedra, pero al quedarse las botellas siempre y el arrecife estar siempre ahí, ponen los huevos ahí porque pueden volver.

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