.

 

La bodega vasca que embotellará el vino que bebió Cristo en la Última Cena

Vivimos el eclipse en una bodega familiar de la Rioja Alavesa especializada en combinar vinos con estrellas y constelaciones

.

.

Es una verdad universalmente reconocida, como diría Jane Austen, que ponerse lírico resulta una manera insuperable de convocar la vergüenza ajena». Consciente de la pertinencia de la frase y suponiéndoles a estas alturas empachados de florituras y ahítos de alegorías sobre el eclipse, mi misión pasa por contarles el fenómeno desde una copa de vino Agnus Dei. De fondo, en este paraje a las afueras de Elciego, sonó en aquel minuto (¿debería escribir sublime?) la banda sonora de la película ‘Interstellar’, de Hans Zimmer.

En el Jardín de las Variedades de la Familia Valdelana asistimos a un espectáculo de una belleza inefable, que no se puede explicar con palabras. Vimos a un trío familiar, los tres vestidos de blanco, abrazándose para llorar juntos en una ceremonia de recuerdo. Hubo quienes pidieron deseos, otros hicieron promesas o nos acordamos de los ausentes mientras la Luna iba mordiendo al Sol. El pudor impone el silencio.

.

El grupo de Yolanda Fernández (con falda de topos) con Alba Nanclares, Nerea Urcola y Esther Gil, entre otros.

El grupo de Yolanda Fernández (con falda de topos) con Alba Nanclares, Nerea Urcola y Esther Gil, entre otros.
.
.

El observatorio daba hacia un Oeste despejado y libre de contaminación lumínica al que se llegaba dejando atrás el caserío de Elciego, en un día de calor extremo y con el viento solano vaciando las calles. Tras un paseo entre enhiestos cipreses y tras observar el dintel formado con las piedras del centenario molino ribereño en el meandro de Matalobos, el centenar de asistentes busca acomodo bajo la sombra. Sentados en los escalones sobre los que se yergue una cruz gigante o fotografiándose en un carrusel de feria o en el columpio que te hace volar sobre el infinito, los visitantes entretienen la espera con unas copas de blanco, botellines de agua o cerveza.

.

La bodega vasca que embotellará el vino que bebió Cristo en la Última Cena

.

No podía haber mejor sitio que este Jardín de Variedades. Ni personas mejor preparadas que los Valdelana para preparar el eclipse acostumbrados como están a colgar verano tras verano el cartel de no hay billetes para sus catas estelares. Las dirige Juanje, el padre, decimocuarta generación de viñadores en esta tierra de frontera que se formó con los monjes benedictinos en el cercano monasterio de San Millán de la Cogolla, donde se plasmó por escrito el alumbramiento del castellano y del euskera.

.

Una joven observa el eclipse entre cipreses y renques de algunas de las 135 variedades de viña que aquí cultiva la Familia Valdelana.

Una joven observa el eclipse entre cipreses y renques de algunas de las 135 variedades de viña que aquí cultiva la Familia Valdelana.
.
.

Con ellos aprendió los principios del catasterismo, imaginativo modo de conectar dioses y héroes de la mitología griega y romana con estrellas y constelaciones. Seguidor de la figura de Jesucristo («trata a tu prójimo como a ti mismo» es el lema de su vida) anunció que en breve podrá descorcharse un vino similar al que tomaron Cristo y sus discípulos en la Última Cena. Las viñas de uva Marawi, una de las 135 variedades que se cultivan aquí, ya han sido cosechadas y embotelladas. Y pronto verán la luz (¿puede haber día mejor que este 12 de agosto de 2026 para hacer semejante anuncio?). La Marawi es una uva blanca que ha crecido aquí, rodeada de un retoño del Árbol de Gernika, de acebuches del Monte de los Olivos o de un rebrotado gingko biloba que sobrevivió al bombardeo con bomba atómica en Hiroshima.

A Juanje Valdelana le encanta compartir los conocimientos, lecturas y teorías que acumula con la vida. Oímos sorprendidos su relato sobre la navegabilidad del Ebro hasta el cercano Tricio. Allí, dijo, los berones elaboraban una cerámica tan bella y resistente en sus alfares que llegó a oídos del hogar de Rómulo y Remo. Enviaron emisarios para hacerse con aquellas piezas enriquecidas con un raro componente ferruginoso por orden del emperador (que debió ser Nerón). Y se estableció un comercio regular, asegura, entre Tricio, Tarraco y Roma, apunta Valdelana.

El observatorio daba hacia un Oeste despejado.
.
.

Una mirada local antes de presentar las abrumadoras cifras con que se maneja el Cosmos. Somos viajeros alrededor del Sol subidos a una esfera azul que se mueve a 107.280 kilómetros por hora alrededor del Sol mientras la Tierra rota sobre su eje a unos 1.666 k/h. «El Universo es un caos y la Vía Láctea se desplaza por él a 2,1 millones de kilómetros por hora. Son cifras enormes. Y nosotros somos el único caso de vida conocida en el Cosmos. No sé quién nos ha creado, pero es evidente que somos una civilización privilegiada», me explicó Juanje en un aparte.

Encuentro a una pareja que me servirá de modelo para la foto de esta portada mientras la Luna nueva sigue su camino sobre el horizonte. «Ahí llega», avanza alguien que no se ha desprendido de las gafas de eclipse en la última media hora.

La luz se vela

La luz se vela, se produce un anochecer súbito, como una bajada de telón. Más evidente entre quienes usamos gafas polarizadas. Se nota en la piel el alivio ante la bajada inmediata del termómetro y la fresca brisa. Disfruto con la corona mientras corro a buscar unas copas perdidas para la instantánea. Observo unos instantes el entorno de la ocultación. En efecto, «un halo de luz blanca» asoma alrededor de la oscura silueta del disco solar. No veo brillar estrellas. Mi Guía del Cielo (Cuadernos Procivel), compañera fiel de tantos años de alineaciones planetarias, lluvias de Perseidas (las lágrimas de San Lorenzo), cometas y eclipses solares y lunares parciales a los que sólo hicimos caso los aficionados) apunta que se verían Régulo y Algieba y planetas como Júpiter y Mercurio, demasiado bajos en el horizonte en nuestra latitud.

Me deslumbra el momento de la primera luz. Blanca, como el brillo de un rayo de sol sobre el broncíneo yelmo de Odiseo.

.

El baracaldés Álvaro Castillo (vestido con camisa de dinosaurios) sostiene una pequeña espumadera que reproduce el eclipse sobre la camisa de Itxaso Respaldiza.

El baracaldés Álvaro Castillo (vestido con camisa de dinosaurios) sostiene una pequeña espumadera que reproduce el eclipse sobre la camisa de Itxaso Respaldiza.
.
.

Anoto reacciones en caliente.

– «Ha sido mucho más rápido de lo que pensaba. El cuerpo se te cambia; notas otra energía».

– «He notado como un aire diferente. Más denso».

– «Ver así la corona solar ha sido una pasada».

– «Esa luz distinta, tan brillante, es inolvidable».

– «No esperaba sentir esa emoción».

Lo dicen Alba Nanclares, Nerea Urcola, Esther Gil, Yolanda Fernández Laguna… llegadas de Haro. Y Susana, Ángela y Nuria Vázquez. Federico Rica fotografía con su cámara de lente especial el momento único. Y Carlota Fabregat (que festeja su cumpleaños) usa una Zeiss analógica para retratar a Ana Macayo. Me fijo en Valentina Triana, la única de su cuadrilla que se pone de espaldas al Sol con su novio Carlos León. Una mala operación en un ojo, con una lentilla incrustada, le invita a no tomar riesgos.

«Será un día que no olvidaré nunca», dice el baracaldés Álvaro Castillo junto a Irune Sáenz de la Maza e Itxaso Respaldiza.

De vuelta a casa, rumbo al Norte, la fiel y brillante luz de Venus, escolta nuestro babor.

.

Canelones de verduritas y sartén de caparrón de Anguiano con sus sacramentos, dos de los siete bocados que se ofrecieron en el eclipse.

Canelones de verduritas y sartén de caparrón de Anguiano con sus sacramentos, dos de los siete bocados que se ofrecieron en el eclipse.
.
.

Luego supe que Juan Luis Cañas, hombre solar y aferrado a esta tierra, había rendido también tributo al Sol en sus viñas de Villabuena y que en el cercano hotel Marqués de Riscal, de coloridos titanios que se ensombrecieron de golpe, hubo un ágape estelar para la «gente gorda» (como diría Luis Landero) con cocineros de relumbrón. Y coincido con Octavio Paz en que días así nos devuelven «el olvidado asombro de estar vivos». Lo escribió en Piedra de Sol. Y el Sol vino.

Jardín de las Variedades

Vistas de 360º sobre el meandro Matalobos del Ebro. En un cerro sobre el meandro del Ebro con espectaculares vistas la Familia Valdelana desarrolla sus Catas Estelares y mantiene un museo de viñas al aire libre.

Bodegas Valdelana. Puente Barrihuelo, 67-69.Elciego, Álava. Web: bodegasvaldelana.com. Teléfono 945606055.

.

.

.

.

.

· Link

.

.

.

.

.

Scroll to top